La primera página

Ya empezamos otra vez… Todos los años la misma canción y luego nada… Dentro de tres meses volverá a estar igual que hace ocho. Se llevará las manos a la cabeza durante un par de semanas —y mucho me parece—, se lamentará cuando vea que no ha conseguido nada de lo que se había propuesto, vendrán las “madres mías” y terminará el año tan amargada que empalmará su sentimiento de asco por la humanidad hasta las primeras semanas del próximo, como siempre. Pero aquí está de nuevo, con esa sonrisa llena de ilusión y entusiasmo que he visto tantas veces, sentada en su escritorio frente a mí, un cuaderno de hojas en blanco, con un bolígrafo de color bonito. Parece que va a hacer una lista… Veamos a ver qué escribe. Seguir leyendo “La primera página”

Cuaderno de dibujo

Ya no siento placer. El suave tacto de su punta se ha convertido en un dolor insoportable y su olor en un veneno que me mata a cuentagotas y de manera inevitable. Es cuestión de minutos que mi vida se acabe y, a pesar de haber nacido mentalizado para la llegada de este día, esperaba poder vivir durante más tiempo, como aquellos que envejecen olvidados en algún rincón o con la dignidad que otorgan las estanterías. Pero soy un cuaderno de dibujo en manos de un artista con hambre voraz, un asesino con gran talento que me ha exprimido hasta la extenuación.  Seguir leyendo “Cuaderno de dibujo”

Día de suerte

Después de terminar la carrera y buscar trabajo durante el último año en cosas que nada tenían que ver con mi titulación universitaria, por fin me llamaron de una empresa de mi sector, a la que había enviado el currículum por medio de una plataforma de contratación online, para concertar una entrevista esa misma semana.

Me preparé a conciencia delante del espejo para ensayar las respuestas ante posibles preguntas incómodas. También, para dar un repaso al vestuario, que falta me hacía. Tuve que pedir prestada algo de ropa a mi hermano mayor, un par de camisas clásicas y alguna corbata sin estampados psicodélicos o de dibujos animados. Así tendría una imagen presentable y no la de un pringado. Tenía todo controlado. Hasta el más mínimo detalle y sin fisuras ni posibilidad de errores, como a mí me gusta.

Pero llegó el día y me quedé dormido.

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Oportunidad

Sus viejas zapatillas ya no evitan pisar los charcos. No le importa que se le calen los pies. Camina cabizbajo y con las manos en los bolsillos. La tormenta le ha pillado por sorpresa, como a muchos transeúntes que corrían a resguardarse, pero él no tiene prisa por regresar a casa. Su teléfono vibra dentro del bolsillo del pantalón una vez más. Su cabello empapado chorrea y un hilo de agua se desliza sobre la silueta de su nariz y se pierde en su barba de dos días.

Las farolas le acompañan con su luz amarillenta, hasta que un fulgor le deslumbra al doblar la esquina. Un coche avanza hacia él, despacio, lo que le permite observarlo con detenimiento. Es un vehículo clásico y elegante, de otra época. Distingue la conocida imagen de un felino en su parte delantera y dos pequeños faros que simulan unos ojos saltones. La lluvia se desliza sobre su carrocería negra con temor a permanecer en ella más tiempo de lo debido y perturbar su marcha. La ventanilla del conductor baja cuando se detiene a su altura.

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Veneno

Tira de las correas de terciopelo negro frente al espejo y se ciñe el corsé granate sobre su cintura de avispa, por debajo del busto, y hace que su escote se asome realzado y poderoso. Recoge el bajo de su largo vestido de corte victoriano y sube las escaleras del palacete hasta el salón de baile. El vals que interpretan los músicos suena majestuoso, amplificado por el vacío hueco que forman las cúpulas, pero no se entretiene en la música ni en los curiosos que la admiran al pasar. Seguir leyendo “Veneno”

Yamileth

Camina sobre sus zapatos de plataforma blancos por encima de la rodilla y le acompaña por el estrecho pasillo de luces rojas hasta la suite

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Azul cobalto

Escucho un sonido lejano, un ruido vago que me despierta y que cobra intensidad a cada segundo. Mis párpados pesados se esfuerzan por abrirse ante un nuevo día. La luz de la pantalla del móvil ilumina la oscuridad de mi habitación. Maldito despertador y maldito lunes por la mañana. Qué corto se ha hecho el fin de semana. Elevo mi cuerpo para separarme del colchón como Drácula al salir del ataúd y saco las piernas de entre las sábanas para plantar los pies descalzos sobre el parquet. Me duele la cabeza. Bostezo como un león y me pongo de pie. Me pongo la chaqueta de chándal que descansa a los pies de la cama y camino por el pasillo como un zombi con resaca. Mi cuerpo es una carraca de camino al baño, no hay hueso que no cruja, y hace un frío que aviva mis ganas de mear. No puedo quedarme sentado durante mucho tiempo porque podría abrirme la cabeza contra el toallero de pie que hay frente al inodoro. Sí, meo sentado porque con el sueño que tengo no apuntaría bien y la chica no viene a limpiar hasta el jueves.

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