Doble vida

Alicia termina de trabajar. Ha anochecido y llueve a mares, como marcaban las previsiones. Sonríe hacia sus adentros mientras observa las carreras de los transeúntes en busca de refugio a través de la puerta giratoria de entrada al enorme edificio de oficinas, con la seguridad de haber guardado el chubasquero en la mochila. No hay nada como cerciorarse antes de salir de casa. Camina sin demasiada prisa hacia el aparcamiento, quita el candado de la bicicleta y pedalea a buen ritmo calle abajo entre el tráfico aletargado. La ciudad no está acostumbrada a conducir bajo la lluvia. Seguir leyendo “Doble vida”

Muñeca de trapo

El juguete estaba debajo de la cama acompañado por su dueña, hasta que unas manos grandes y salvajes la arrastraron por los pies al exterior oscuro. Seguir leyendo “Muñeca de trapo”

Soledad

El relámpago ilumina la estancia. Se aovilla debajo de la fina manta que le cubre, con las rodillas pegadas al pecho, como hacía cuando era niño. Cierra los ojos y aprieta los párpados con fuerza. Se prepara para recibir el sonido aterrador que hace retumbar las paredes y se amplifica dentro de su cabeza. No le gustan las tormentas. Ni los dolorosos recuerdos que vienen con ellas. Seguir leyendo “Soledad”

La travesía

El capitán comienza a desesperarse. 

Escasean los víveres y las esperanzas con las que partió junto a su tripulación hace ya varios meses. Sus hombres, mermados en número, están cansados y débiles. Conserva a la mitad de la tripulación, los más jóvenes y fuertes, que no dudarán en amotinarse contra él. Le arrojaran por proa para dar de comer a las criaturas que viven bajo las aguas oscuras por las que navega sin rumbo. O quizá sean ellos quienes le devoren. Siente sus miradas hambrientas contemplar el manjar de sus carnes todavía rollizas a pesar de estar desmejorada. Cualquier cosa sirve para llevarse a la boca.  Seguir leyendo “La travesía”

Trabajo

«Son la siete y media, ocho y media en la Comunidad Canaria. Estas son las noticias de la mañana». Miguel bufa. La voz cantarina de la locutora de radio le recuerda el poco tiempo que le queda para disfrutar de la serenidad. Presiona el navegador con brusquedad y la apaga. Después, agarra el volante con ambas manos y siente la rigidez de su cuello, que mueve de un lado a otro y cruje como una carraca; y la tensión en las sienes, en forma de punzada. Cierra los ojos y respira profundo. Pero ni mindfulness ni hostias. La media hora de parón, ida y vuelta, no se la quita nadie. Sin embargo, se sorprende cuando los vehículos empiezan a moverse mucho antes de lo previsto y a Miguel le sobreviene ese sudor frío que anticipa el inminente inicio de su jornada laboral. Aunque se niega a considerarlo trabajo. Perder ocho horas eternas de su vida encerrado en un zulo no es trabajar. 

Al principio era algo temporal. Meter la cabeza en algún sitio para adquirir experiencia después de terminar la carrera. Tampoco le importaban los horarios ni los desplazamientos porque con su titulación podría encontrar otra cosa cuando quisiera. Entonces, llegaron las vacas flacas y «lo importante es tener trabajo» se convirtió en la frase más escuchada. El consuelo del tonto. Diez años después, sigue con la misma canción. El «lo dejo cuando quiera» ha dado paso al «no veo el día en que me despidan». Demasiados cambios de turno. Demasiadas caras desagradables que ver a diario y que intuir al otro lado del teléfono. 

«¿Por qué no lo dejas, Miguel? El trabajo no te puede costar la salud», le repite su novia cada noche al entrar por la puerta, derrotado. Ella, que trabaja en una empresa de verdad, no tiene razones para quejarse. Horario de persona y compañeros con los que come cada jueves. Por no mencionar que sus jefes la tienen en consideración para liderar proyectos, como debe ser. Valorar tu trabajo y no ser un cero a la izquierda. Así es como se siente. 

Cuando la puerta del ascensor se abre, Miguel y su mal humor entran en ese lugar, buscan una mesa libre que desinfectar y se preparan para sufrir.


Personaje que odia su trabajo

Línea final

¿Sabes? Pensaba que ya no podrías hacerme nada peor, pero te has superado a tí mismo y me has decepcionado como jamás lo has hecho. 

Siempre he sido paciente contigo y he perdonado todas y cada una de tus tonterías, tus idas y venidas, y tus aventuras. Durante este tiempo no has hecho más que pensar en tí mientras yo me desvivía por cuidarte, y ahora me abandonas cuando más te necesito. Seguir leyendo “Línea final”

Inservible

Poco se sabe de su vida, salvo que es la mayor de cinco hermanas y que, a pesar de que el paso del tiempo le ha convertido en un ser gris, en su juventud fue azul. Tampoco se sabe demasiado de la manera en que llegó al estante de aquella gran superficie, pero sí cómo salió de allí junto a su familia. Y no podía haber sido de otra manera, ya que permanecían unidas por un lazo dorado. Un día cualquiera, unas manos grandes las agarraron y las llevaron a conocer nuevos mundos.  Seguir leyendo “Inservible”

La primera página

Ya empezamos otra vez… Todos los años la misma canción y luego nada… Dentro de tres meses volverá a estar igual que hace ocho. Se llevará las manos a la cabeza durante un par de semanas —y mucho me parece—, se lamentará cuando vea que no ha conseguido nada de lo que se había propuesto, vendrán las “madres mías” y terminará el año tan amargada que empalmará su sentimiento de asco por la humanidad hasta las primeras semanas del próximo, como siempre. Pero aquí está de nuevo, con esa sonrisa llena de ilusión y entusiasmo que he visto tantas veces, sentada en su escritorio frente a mí, un cuaderno de hojas en blanco, con un bolígrafo de color bonito. Parece que va a hacer una lista… Veamos a ver qué escribe. Seguir leyendo “La primera página”

Cuaderno de dibujo

Ya no siento placer. El suave tacto de su punta se ha convertido en un dolor insoportable y su olor en un veneno que me mata a cuentagotas y de manera inevitable. Es cuestión de minutos que mi vida se acabe y, a pesar de haber nacido mentalizado para la llegada de este día, esperaba poder vivir durante más tiempo, como aquellos que envejecen olvidados en algún rincón o con la dignidad que otorgan las estanterías. Pero soy un cuaderno de dibujo en manos de un artista con hambre voraz, un asesino con gran talento que me ha exprimido hasta la extenuación.  Seguir leyendo “Cuaderno de dibujo”

Día de suerte

Después de terminar la carrera y buscar trabajo durante el último año en cosas que nada tenían que ver con mi titulación universitaria, por fin me llamaron de una empresa de mi sector, a la que había enviado el currículum por medio de una plataforma de contratación online, para concertar una entrevista esa misma semana.

Me preparé a conciencia delante del espejo para ensayar las respuestas ante posibles preguntas incómodas. También, para dar un repaso al vestuario, que falta me hacía. Tuve que pedir prestada algo de ropa a mi hermano mayor, un par de camisas clásicas y alguna corbata sin estampados psicodélicos o de dibujos animados. Así tendría una imagen presentable y no la de un pringado. Tenía todo controlado. Hasta el más mínimo detalle y sin fisuras ni posibilidad de errores, como a mí me gusta.

Pero llegó el día y me quedé dormido.

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