El último beso

Relato cuyo título sea “El último beso”, usando un narrador testigo.


Aquella tarde lluviosa, metieron las maletas en el coche y fueron al aeropuerto. Durante el camino ni se miraron, ni se dirigieron la palabra. Él conducía intentando parar en el menor número de semáforos posible, pero hasta eso resultaba difícil. Ella miraba por la ventanilla y contaba las gotas que salpicaban el cristal, sin ser capaz de girar la cabeza para decirle “lo siento” a su compañero.

La distancia ya les separaba aunque ella no hubiese subido al avión,  rumbo a una nueva ciudad y a un nuevo trabajo; y quién sabía si quizá encontraría unos nuevos amigos o un nuevo amor. Ninguno de los dos era capaz de soportarlo.

De cuando en cuando, él levantaba la vista y miraba por el retrovisor para leer las facciones del rostro de la mujer con quien había compartido tantas cosas buenas, malas, regulares y peores; pero no veía más que indiferencia. Se marchaba, eso era todo. Sin una conversación, ni un motivo… Nada.

Quizá pasasen por su mente toda clase de preguntas mortificantes, del tipo cómo he permitido esto, cómo no me he dado cuenta de que lo nuestro hacía aguas, cómo no he sabido ver que todo lo que hemos construido se derrumbaba sin remedio, y un largo etcétera.

La nula interpretación de los incómodos silencios a la hora de cenar, las ausencias mientras estaban juntos, las sonrisas forzadas, los deseos fingidos… Ni siquiera hubo un “no eres tú, soy yo”. Simplemente, hacía tiempo que había volado hacia una libertad sin él.

Ella suspiró y bajó del coche, mientras él abría el maletero. Por fin había llegado el momento del adiós. Cada pasillo de la terminal era un particular camino hacia el purgatorio, una lenta agonía que les consumía por dentro.

Seguramente se preguntasen por qué las cosas no pudieron ser de otra manera, por qué la situación no podía cambiar. Sencillamente, porque las personas no cambian. Y esa es una verdad que ninguno de los dos supo entender hasta ese instante, en el que se miraron como la primera vez y se encontraron como nunca lo hicieron.

Surgió la chispa que no habían tenido y reavivó las ascuas de un fuego que dieron por extinguido. Se besaron con pasión y desesperación mientras se anunciaba a los pasajeros que el vuelo estaba a punto de salir.

Decidieron que se fueran sin ella, que aquel no sería el último beso.

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