Campamento de verano

Escribir un relato que contenga las palabras campamento, poeta y recuerdos. Como reto adicional, os proponemos escribir el relato sin emplear el verbo “ser” en ninguna de sus conjugaciones.


—Cuéntamela otra vez.

—¿No te cansas de escucharla?

—No. Por favor…

—Está bien… —suspiro.

«A tu abuelo no le gustaba que pasara los veranos sin hacer nada y siempre me apuntaba al campamento del colegio. Nunca quería ir porque no me gustaba hacer actividades al aire libre, ni la naturaleza, ni madrugar, ni esas cosas que se hacen en los campamentos y que no sirven para nada. Por más que le suplicaba a mi madre para que le convenciese y no me obligase a ir, no había manera. El verano que cumplí los dieciséis, decidí que no volvería a pisarlo. Esperaría a que mis padres se marchasen en el coche y me dejasen allí para escaparme, y pasar los quince días haciendo otras cosas. Ya sabes lo rebeldes que somos a esas edades… No tenía nada pensado, salvo marcharme. Me asignaron la misma cabaña con las mismas compañeras de años anteriores, y que no soportaba. Más altas, más guapas y más estúpidas. Bastante esfuerzo suponía aguantarlas en clase como para tener que hacerlo en vacaciones. No te puedes imaginar cómo  odiaba a tus abuelos…

Resultado de imagen de lago de nocheLa primera noche hacíamos una hoguera de bienvenida, y nos sentábamos a cenar, tomar refrescos y cantar con la guitarra, algo que me parecía ridículo. Hice acto de presencia el tiempo suficiente como para que no reparasen en mi ausencia poco después. Fui a la cabaña a por mis cosas y me encaminé hacia la salida, pero una voz me detuvo:

—¿Dónde vas, jovencita? No estarás pensando escaparte, ¿verdad?

Me pilló uno de los monitores. Jamás le había visto antes.

—No me gusta este sitio. Vengo todos los veranos desde que tengo seis años y estoy harta. Mis padres me obligan a estar aquí…

—Vaya… Entiendo… A mí también. «No puedes pasarte todo el verano sin hacer nada» bla, bla, bla… «Búscate un trabajo» bla, bla, bla… Y aquí estoy.

—¿No hubieses preferido trabajar de pizzero o en un burguer?

—¡Nah! Aquí no huele a fritanga… Menos en la hoguera, claro.

Mi timidez siempre había impedido acercarme a cualquier chico, pero en esa ocasión él se acercó a mí. Y sorprendentemente, me hizo reír. Se apostó algo conmigo: prometió que si me quedaba cada noche sería diferente y que si había una sola en la que no me hiciese reír, entonces podría marcharme. Acepté y no fracasó. Estaba claro que nadie debía enterarse de que nos veíamos a escondidas, pues podrían echarle del trabajo, pero nos las apañamos bien. Aprovechábamos las distracciones durante la cena para irnos al lago, y nos tirábamos sobre la hierba con un par de mantas. Me contaba historias sobre las estrellas que veíamos en el cielo, la mayoría se las inventaba; me escribía cartas que leía en voz alta, a veces con rimas absurdas que le convertían en todo un poeta; y descubrí que tocar la guitarra no resultaba ridículo cuando lo hacía él…

Pero el verano terminó y regresé a casa. Contuve las ganas de llorar hasta que pude encerrarme en mi habitación. «¿No decías que odiabas el campamento?», me dijo tu abuela, que sabía perfectamente lo que me pasaba aunque no le hubiese contado nada. ¿Sabes lo peor? Que a ninguno de los dos tuvimos la idea de pedirnos la dirección para escribirnos… Tocaba pasar página y las clases empezaron semanas después. Yo aún seguía desanimada y sin ganas de regresar a la rutina, pero qué otra cosa podía hacer… El primer día, la profesora nos presentó a un alumno nuevo. Se llamaba Christian Taylor…»

Me mira emocionada, con ojos vidriosos. Dice que nunca había escuchado una historia tan bonita como la nuestra y le gustaría que siguiese, pero tenemos que irnos. Nos espera una tarde muy intensa y si nos quedamos, no llegaremos a tiempo. Estoy convencida de que lloraré yo más que ella.

—¿Dónde vais, jovencitas?

—A la última prueba de mi traje de novia, papá.

—Vaya… Cómo pasa el tiempo, ¿verdad? —me mira, y yo asiento con la cabeza porque soy incapaz de hablar— Seguro que ya te estaba contando la historia otra vez.

—¡Ay! ¡Me encanta escucharla! Me parece tan romántica…

—Sólo te ha contado el principio. —dice, guiñándole un ojo.

Nos montamos en el coche y nos miramos. Sonríe, radiante de felicidad. Ha tenido la inmensa suerte de encontrar un hombre que la cuide y la quiera, como me pasó a mí. Pienso en lo afortunada que soy por conservar tantos bonitos recuerdos, y espero que ella tenga tantos o más que yo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s