Alicia – Historias por la igualdad

Relato presentado en el concurso para Zenda Libros con motivo del Día Internacional de la Mujer 2017 (bases aquí)


¿Por qué me consideran diferente a ti?

¿Por qué debo pelear por conseguir unos derechos iguales a los tuyos?

¿Por qué no se reconocen mis méritos de la misma manera?

¿Por qué pesa más lo que tengo entre las piernas que sobre los hombros?

Resultado de imagen de igualdad

Estas son las preguntas que se plantea Alicia antes de irse a la cama tras una dura jornada. Es una mujer joven, residente en un país desarrollado —o eso dicen— de un viejo continente llamado Europa, y en su rutina diaria observa claros ejemplos de desigualdades y desprecios hacia las mujeres.

Trabaja en una empresa dedicada a investigar alternativas en materia de ahorro energético y que aboga por el desarrollo sostenible, moderna y ecológica, con varios distintivos ISO y de la Unión Europea. El setenta por ciento de su plantilla son mujeres, pero ninguna forma parte de la Junta Directiva. Eso sí, gracias a su esfuerzo la empresa alcanza los objetivos y cifras impuestas por los jefazos, que pasan el día con sus ejecutivas posaderas sentadas en sus sillones ergonómicos.

De camino a la oficina toma el transporte público —ha visto caras femeninas conduciendo en contadas ocasiones, aunque cada vez son más— y se fija en los pasajeros que, como ella, se dirigen a sus respectivos lugares de trabajo. Observa a los hombres que leen prensa deportiva y comprueba que la mayoría de sus páginas las ocupan disciplinas masculinas —y no todas: el ochenta por ciento lo dedican al fútbol, el diez al baloncesto, y el uno por ciento restante a otras— y los fichajes de la temporada. Sin embargo, tienen la “decencia” de dedicar un mísero pie de página para hablar de las campeonas de la Copa de la Reina de balonmano. A veces parece que el mundo del deporte se sorprende de cualquier hazaña conseguida por una mujer, como los increíbles resultados obtenidos en las últimas Olimpiadas de Río.

Por la noche, en la tranquilidad de su casa, ve las noticias mientras cena en compañía de su gato. Se indigna y se lamenta de vivir en pleno siglo veintiuno, y tener que escuchar las barbaridades que salen por la boca de las personas que nos gobiernan. Como las de un eurodiputado, que bien podría jubilarse o quedarse en su casa, diciendo que «las mujeres deben ganar menos porque son más débiles y menos inteligentes»; y demás barbaridades abochornantes, cargadas de misoginia encubierta. «Y que seres como éste se encarguen de representar a la ciudadanía…», piensa para sus adentros.

A pesar de los esfuerzos por conseguir la igualdad, está cansada tener que luchar para que se reconozcan sus derechos de la misma manera que los de los hombres; entre otras cosas porque piensa que el problema es de las sociedades arcaicas y machistas donde la mujer sigue siendo considerada de segunda clase, estereotipada y encasillada en la cocina o en el cuidado de los hijos.

Le gustaría que sus hijas —ni siquiera se lo ha planteado todavía— tuvieran las mismas oportunidades de promoción y búsqueda de empleo que cualquier hombre, que no tuvieran problemas para conciliar su vida laboral y familiar, que no vulneren sus derechos en cuestiones de salud o maternidad, que no se condicione su forma de vestir, que no se les juzgue por su forma de pensar, que no las menosprecien por la simple razón de ser mujeres.

También le gustaría que llegara el día en que el ocho de marzo se celebre como una fiesta, al igual que Las Fallas o San Isidro, y no como un acto reivindicativo, ya que ello supondría que la absurda e intolerante barrera que separa a hombres y a mujeres ha caído en favor de la igualdad, valorando a ambos sexos de la misma manera. Hasta entonces, las mujeres de todo el mundo se lanzarán a las calles reclamando sus derechos vulnerados, sus oportunidades negadas, sus libertades violadas y sus vidas arrebatadas impunemente.

Pero antes de irse a la cama y cerrar los ojos, pensando en las cosas que se encontrará mañana, hace la siguiente reflexión:

«Por mucho que un hombre pueda tener, por mucho que un hombre pueda conseguir, por mucho que un hombre me pueda arrebatar, jamás me quitará el privilegio de ser mujer».

Resultado de imagen de mujer trabajadora

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s