Lectura

Reto 11. Inventa un cuento con dos objetos a los que dotas de vida.


—Bah… —bosteza— Sigues aquí… Pensaba que te habrían devuelto a la tienda donde te compraron, o que servirías de agarre para la pata de algún mueble cojo.

—Te noto cansada, ¿te estás quedando sin pilas?

—Mi batería ultraligera tiene una duración de hasta doce horas, chavalote. Y no acumulo polvo ni huelo a tinta de los chinos.

—Soy de una edición limitada y exclusiva, y mi encuadernado es de calidad. Soy mucho más atractivo que tu a la vista, que no tienes ni funda puesta como otros que veo por ahí. 

—Tu dirás lo que quieras, pero me preferirá a mi. Mi almacenamiento interno tiene una capacidad de 32 gigas de memoria.

—A mi me hablas en castellano, si no te importa.

—Claro, perdone usted, antigualla. Olvidaba que trato con alguien mayor y arcaico. Puedo tener miles como tu dentro de la memoria, con una letra más grande y permitir una lectura más nítida.

—Pero tu no tienes tacto, ni aroma. No transmites nada más que una luz malísima para la vista y en algún momento te empezará a fallar la batería. Tu reparación costará más que comprar otro como tu, y mucho más que comprar varios como yo; y terminarás guardada en un cajón.

—Y tu abandonado en cualquier estantería polvorienta, rodeado de vejestorios como tu.

—Tengo mucha más vida de lo que dices. Me pueden regalar, intercambiar, donar. Puedo servir a muchas más personas a lo largo de mi vida útil y, quizá con el tiempo, me convierta en ejemplar de coleccionista e incluso lleguen a pagar el doble o el triple por mi. En cambio, tu quedarás relegada en la memoria tecnológica cuando ejemplares más avanzados que tu ocupen tu lugar. La tecnología es perecedera, la Literatura no.

******

 —Qué quieres que te diga, hijo… Es muy bonito, muy moderno y te ha costado un riñón, pero yo no me apaño con la cosa esta.

—Es una tableta, mamá. Y es muy fácil de usar.

—Para vosotros los jóvenes, que estáis acostumbrados a las modernidades. Pero si con lo ocupados que estáis siempre tengo que esperar a que me metais los libros en el cacharro para leer, prefiero bajar a la biblioteca con el carnet, como toda la vida, y seguir con mis libros. Llévatela y que te la descambien por otra cosa; o, si no, te la quedas.

—Ya tenemos varias en casa.

—Pues que te devuelvan el dinero y les compras algo a los niños de mi parte.

—Pero es tu regalo, mamá.

—¡A mi me da igual, hijo! Lo que importa es el detalle. Mira, me puedes comprar algún libro que se esté leyendo ahora… El Premio Planeta, el de Dolores Redondo, ¿vale?

—Está bien.

Ricardo coge la tableta de encima de la mesa, la guarda en la caja junto al ticket de compra y se marcha al centro comercial donde la ha comprado. El libro no se siente orgulloso pero suspira aliviado mientras nota el cosquilleo de los dedos de Maria Luisa entre sus páginas.

Resultado de imagen de libro y tableta

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