Quince de septiembre

Crear un relato que comience con la frase Susana esperaba. Si os apetece añadirle algo de dificultad al ejercicio, os proponemos que la escena tenga lugar en un cementerio.


Susana esperaba a que la campana de la iglesia repicara a la hora del Ángelus para atravesar la puerta del cementerio y recorrer el estrecho sendero, hasta llegar al panteón familiar. Allí descansan sus padres y abuelos. Es su pequeño refugio y le gusta pasar tiempo en compañía de sus seres queridos, que siente tan cercanos como en vida. Hay días en los que se siente más cómoda entre los muertos y pasea por el Camposanto, contemplando sus tumbas. 

Cada mañana les lleva flores y a veces les lee las cartas que escribe en sus momentos de soledad. Hoy viene a decirles que se casa con Carlos, su novio de toda la vida, la persona que le ha acompañado en los buenos y malos momentos, como día en que aquel conductor ebrio se llevó a sus padres por delante. También, que están en conversaciones con el sacerdote para que les case el quince de septiembre —el mismo día en que se casaron sus padres— y que le gustaría ponerse el vestido de novia de su madre.

—Hoy ha sido el gran día. Por fin nos hemos casado —dice Susana, cogiendo de la mano a su marido—. Todo ha salido perfecto, tal y como habíamos planeado, y los invitados se lo han pasado muy bien —sonríe con melancolía—. Mi suegro me ha acompañado al altar, papá, y no he podido contener las lágrimas al acordarme de ti. Perdonadme porque os prometí que no lloraría el día de mi boda, pero no he podido evitar emocionarme al recordaros. En días como hoy es cuando más noto vuestra presencia porque sé que habéis estado acompañándonos. Hoy hemos roto todas las tradiciones habidas y por haber, y quiero regalaros esto —retira un ramo de flores secas y coloca su ramo de novia.

Susana camina por el cementerio, acariciando su alianza de casada. Espera a que repiquen las campanas para volver a verle, pues hace varios días que no acude a visitarla, y ahí está. Sabía que hoy, quince de septiembre no podía faltar a su cita. Se acerca a él y pone la mano sobre su hombro.

—Feliz aniversario, cariño —observa el ramo de novia, con las flores secas por el paso del tiempo—. Ya sabes que vengo a verte siempre que puedo pero estos días he tenido mucho trabajo, perdóname… —se emociona. A pesar de que hace años que no está, se le sigue formando un nudo en la garganta—. Hugo pregunta por ti cada vez más y no sé que hacer. Le enseño nuestras fotos para que vea lo felices que éramos juntos pero a veces me cuesta mucho responderle, hablarle cómo eras y todo lo que nos querías… —suspira y Susana le acaricia para secarle las lágrimas, olvidando que no puede hacer nada para consolarle—. Se parece mucho a ti. Siempre tiene una sonrisa en los labios y un libro entre las manos, es una esponja, insaciable y muy curioso. Me encantaría que estuvieras aquí para abrazarle, aunque sé que viajas a nuestro lado. Te siento conmigo y, a veces, creo que hasta podría tocarte.

No se equivoca. Susana envuelve su cuerpo por la espalda en un abrazo invisible y apoya la cabeza para sentir su respiración. Pensaba que una vez muerta dejaría de amar pero no es cierto. Cada vez que le ve siente alivio al saber que no se olvida de ella, pero también dolor.

—Hugo habla contigo todas las noches, ¿te lo puedes creer? —esboza una sonrisa—. A veces dice que te ve caminando por la calle, o en el jardín, con un vestido blanco. «Como un hada, papá», dice. Tiene una imaginación desbordante, en eso también se parece a ti, y no quiero quitarle la ilusión, cielo. No quiero explicarle lo que ocurre cuando alguien muere, que no es posible volverte a ver. Y en el fondo, me gusta pensar como él, que no te has ido y que sigues con nosotros cada día.

Susana llora de felicidad y tristeza al mismo tiempo. Daría lo que fuera por materializar ese abrazo y sentir el calor de su marido, pero debe conformarse con verle frente al panteón.

—Hola mamá —suspira—. Nunca he tenido valor para venir a verte pero hoy es quince de septiembre y también es un día especial para mí —sonríe nervioso, aflojándose la corbata—. Ella es Yolanda y ha querido traerte esto.

Hugo se agacha a colocar el ramo de novia de su mujer, junto al de su madre, ante la mirada de Susana.

 

 

Resultado de imagen de espectro en cementerio

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