Fanatismo

a. El trasfondo del/de la protagonista debe ser que fue secuestrado/a cuando era adolescente y que lo llevaron a un planeta con seres desconocidos, y este trasfondo debe mencionarse e influir en su carácter.

b. Todo el relato debe ocurrir en un templo.

c. Debe aparecer la palabra: “estrellita”.

 


 

Las puertas del templo se abren estrepitosamente en mitad de la ceremonia. Los presentes, ataviados con sus túnicas blancas, se giran a mirarlo entre murmullos mientras se acerca al sacerdote.

—¿Puedo ayudarte en algo?

—Ya lo creo, Padre.

Sus padres le llevaban a pasar las vacaciones a la granja de los abuelos. Tenía doce años y una tarde jugaba al escondite con sus primos. Alguien se acercó por detrás y le tapó la cabeza con un saco hasta que perdió el conocimiento. Despertó desnudo, rodeado de tubos por todo el cuerpo y engrilletado a una camilla de metal. En la sala de aislamiento no había más que una estrella de ocho puntas dibujada en una de las paredes. Unas figuras, vestidas con trajes radiactivos, se acercaron a él y le inyectaron un líquido viscoso de color azul fluorescente en su brazo. Reconoció las voces de sus familiares que le llamaban desde lejos. Había regresado a la Tierra.

Lo apunta con la recortada mientras le mira a los ojos. El sacerdote levanta las manos despacio.

—Estás cometiendo un error, hijo mío. Pero no temas, Él nos acoge y nos perdona. —Los feligreses agachan la cabeza y comienzan a orar al escuchar las palabras de su líder—. Nos bendice y nos protege, nos tiende su mano para guiarnos por los senderos de la vida. Somos los elegidos para difundir su mensaje en el mundo.

—¡Experimentáis con niños! ¡Los lleváis a otros planetas, los sometéis y dirigís sus pensamientos como os place!

No espera una respuesta pero el silencio enciende su cólera.

—Dime qué pasó aquella tarde, ¡dímelo!

—¿Y cómo voy a saberlo si no soy más que un simple siervo, un emisario de su palabra?

Carga el arma y la apoya en la frente del sacerdote, mientras observa cómo centellea la estrellita que lleva colgada, el símbolo que tanto ha recordado.

—Rece todo lo que sepa antes de que le devuelva al infierno.

—Mi muerte no servirá de nada. Otros vendrán y difundirán la palabra.

Sus palabras le hacen reflexionar. Tiene razón, lo mejor es pasar al plan B y asegurarse de que no queda ni uno con vida. Se abre la gabardina y muestra un cinturón de explosivos alrededor de su cuerpo.

—¡Moriréis todos!

Los feligreses intentan salir del templo antes de que pulse el detonador, pero es inútil. La deflagración lo consume. El lugar queda reducido a un montón de escombros y vigas de madera que sepultan cientos de cadáveres. Otros, han sido lanzados hacia las copas de los árboles por la onda expansiva.

A la mañana siguiente, la noticia ocupa la portada del periódico local y le dedican un extenso reportaje en su interior:

«El joven inmolado en el interior de la sinagoga llevaba interno en un hospital desde la adolescencia, del que consiguió escapar. Los médicos indican que «no presentaba tendencias suicidas» que pudieran dar lugar a esta situación, sin embargo «mostraba una obsesión desmedida por el grupo religioso» y «aseguraba que eran seres de otro planeta».

Resultado de imagen de sinagoga

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