El ángel caído

Consignas

  • El arco emocional del relato debe ser ‘la caída’.
  • Debe aparecer un ángel como personaje o representación del mismo.
  • El/la protagonista debe dar a alguien una caja envuelta con papel de regalo.

“Hubo un gran combate en los cielos. Miguel y sus ángeles lucharon contra el Dragón. También el Dragón y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya lugar en el Cielo para ellos. Y fue arrojado el Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus ángeles con él.” (Apocalipsis 12, 7-9)

Gozó de un buen lugar en el Reino de los Cielos. Destacó por su voluntad, belleza y fortaleza; para muchos, un ejemplo a seguir. Su posición permitía que pudiera moverse por cualquier lugar del Universo y admirar la obra de su Creador, incluida aquella maravilla que realizó en siete días. Disfrutó de los inmensos océanos, las frondosas selvas, las regiones heladas y las tropicales. Contempló las bestias que en ellas moraban y quedó fascinado ante una raza hecha a su imagen y semejanza. Los observó, oculto entre los árboles de aquel precioso jardín de árboles frutales y subió a reunirse con Él.

«Señor, ¿por qué otorgáis libertad a esas criaturas y a nosotros, fieles custodios, no la concedéis?». «Ese es vuestro destino». La respuesta no frenó su ansia. No se conformaba con servir a un Dios caprichoso que crea y destruye a su antojo. El orgullo y la envidia invadieron su interior de querubín celestial, lo corrompieron. Se convirtió en un ser combativo que buscaba destronar a su Señor y conseguir el fin por sus propios medios. Otros compartieron su opinión y decidieron seguirlo hasta las últimas consecuencias.

Su osadía desencadenó una gran guerra entre los custodios, los fieles y los desleales, y el Todopoderoso contemplaba la batalla desde su trono celestial en las alturas. Las espadas resonaban en el Universo y sus hojas relampagueaban furiosas en la oscuridad. Se enfrentaron sin piedad durante varias jornadas, fundiendo el Cielo y el Infierno en una misma estructura. La Creación peligraba y ninguno de los frentes estaba dispuesto a darse por vencido en aquella lucha.

Finalmente, es el arcángel Miguel quien lo doblega, encadena y desciende a su nuevo destino con él y sus ángeles.

—Dame lo que no te pertenece, Serpiente.

Derrotado sobre la Tierra que tanto ha deseado y con el pie de su captor aprisionando su nuca, entrega una pequeña caja dorada, resplandeciente como el mismo Sol. En su interior se halla una llave, objeto que todos en el Cielo quieren poseer.

—¡Prohíbo tu entrada al Reino de los Cielos y te confino a morar en la Tierra por toda la eternidad! —Las palabras del arcángel se elevan a las alturas para que Dios pueda escucharlas orgulloso de su victoria—. Satanás será tu nombre.

Cierra los ojos y aguanta el dolor que produce la hoja del arcángel cercenando sus alas. Maldice su suerte pero jura venganza. Destruirá todo aquello que Dios construya y utilizará su astucia para corromper a sus criaturas predilectas por los siglos de los siglos.

 

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