Incertidumbre

«¿¡Qué hay en la caja!?», se pregunta con desazón.

Se la dejaron en el felpudo la tarde de ayer y todavía no se ha atrevido a abrirla. Es muy simple y no está envuelta, solo el nudo de la cuerda que lleva alrededor de sus formas cuadradas impide que las solapas se abran. Tampoco es demasiado grande, tiene el tamaño de una caja de zapatos. Quizá sea eso, una caja de zapatos. Aunque es extraño. Ni se acerca su cumpleaños ni da detalles sobre su número de pie. No. Seguro que no son unos zapatos. ¿Entonces qué?

¿No sería más fácil abrirla y salir de dudas? ¿Por qué no lo haces? ¡Vamos, ábrela! ¿Acaso temes ver qué hay dentro? ¿Y si contiene algún secreto inconfesable? Claro… Es eso. Saldrá a la luz el humano que escondes bajo esa capa de irreal perfección. El miedo al fracaso. La inseguridad. Las dudas que bailan en tu cabeza.

Esa falta de control te aterra. Necesitas tenerlo todo atado, pero sabes que no lo conseguirás siempre. Que habrá algo que cambie sin que lo puedas evitar. Que te equivocarás y lo lamentarás. Y entrará en juego la aceptación, esa palabra que tanto odias.

¿Pero y si el contenido ofreciera la solución a todos tus problemas? Vamos, ábrela. Basta ya de aparentar. De fingir. De huir de los problemas. De pasar por la vida de puntillas. Solo tienes que tirar del cordón.

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21. Te damos una frase como punto de partida y lo demás lo añades tú:”¿¡Qué hay en la caja!?”

 

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