Derrotada

«¿Quién eres?», te preguntas al mirarte al espejo.

Hoy es uno de esos días, otro de tantos en los que no te reconoces. Y te preguntas qué es lo que falla. Estás cansada de ver esos ojos tristes que no dicen nada y callan mucho, esa boca que no brilla ni sonríe porque cada vez la besan menos, y el cabello de peluquería deslucido. Ya no pintas, ni cantas y lo que escribes no te llena como antes. A decir verdad, nada es como antes. Tu marco vital es monocromático y gris. Tus ilusiones han muerto y con ellas tus expectativas de futuro, si es que las hubo algún día. Las cicatrices de tu alma duelen y surcan tu rostro en forma de lágrimas. La realidad supera tu ficción.

Te has cansado de luchar en esa guerra sin sentido y te has rendido, como hacen los cobardes. A pesar de saber que no podías más, volviste a intentarlo con todas tus fuerzas, pero ha llegado un momento en el que nada es suficiente para ninguno de los dos. De nada sirven las palabras ni los intentos de acercamiento.

No te culpes, has hecho lo que has podido. Tu único error ha sido esperar un comienzo. No te arrepientas de las veces que has llorado, ni de las noches de insomnio en busca de soluciones. De esperar su llegada entre las sábanas. De haber amado de verdad.

Resultado de imagen de derrotada


a. El narrador debe ser en segunda persona (no puede utilizar la primera persona, hablar de sí mismo).

b. El protagonista (el lector) es pintor.

c. Un personaje debe tener una cicatriz.

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