Amantes

Apenas nos conocemos. Aunque intento recordarlas, no soy capaz de saber con seguridad las veces que nos hemos visto. ¿Dos? ¿Tres, quizá? No lo sé, pero cuando estoy con ella pierdo la noción del tiempo. Es un sentimiento estúpido, y más para un hombre como yo.

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Hugo

—Al principio pensamos que era algo normal. —La mujer de marcado acento mejicano alisa los pliegues de su falda—. Llegaba del colegio, le ponía la merienda y hacíamos los deberes. Después, subía a la habitación a jugar con sus muñecos.

—¿Y cuándo se produjo el cambio? —Mi pregunta le sobresalta y da un respingo sobre la silla. Necesito que vaya al grano.

—Una tarde me dijo: «Mamita, Hugo me habla».

—Esa criatura le tiene enfermo en el hospital. —La interrupción del padre del niño hace que me fije en él. Tiene el rostro cetrino y los ojos abiertos con expresión de terror—. Tiene que hacer algo.

—Miren… No creo que este sea un caso para mí. Lo siento mucho.

La madre cierra los ojos y rompe a llorar, con las manos sobre el pecho. Me recuerda a una de esas vírgenes dolorosas del Renacimiento. Me siento culpable pero, ¿qué puedo hacer? ¿Aprovecharme de su dolor para sacarles la pasta?

—Ese demonio quiere llevárselo. —La mirada del hombre me da escalofríos.

La madre continúa con su desconsuelo en profundo silencio, mientras se seca las lágrimas con un pañuelo de papel casi desecho.

—¿Cómo llegó a manos del niño?

—Apareció dentro de la caja que guardaba las cosas de mi hijo cuando hicimos la mudanza. —Se revuelve en la silla—. Lo comunicamos a la empresa de transportes pero nadie lo reclamó.

—¿Y han probado a deshacerse de él?

—Cada vez que lo he tirado a la basura, aparece en su lugar —responde la madre con voz queda.

—¡Por el amor de Dios! ¡Es surrealista!

Me llevo las manos a la cabeza ante lo inverosímil de la situación, hasta que el hombre se pone de pie y deja caer los puños sobre mi mesa con un golpe sonoro.

—¡No bromee, pendejo! —Su dedo índice apunta a escasos centímetros de mi cara—. No lleva pilas ni va a cuerda,  pero le juro por lo más sagrado que le he escuchado hablar. Ese cabrón está vivo.

—¿Dónde está? —pregunto.

El padre me perdona la vida desde el asiento del copiloto y la madre reza el Rosario en la parte trasera de mi coche mientras conduzco hacia su casa. Después de seguir sus indicaciones, aparco frente a esa casa modesta. Me invitan a pasar y me conducen escaleras arriba hasta el dormitorio del crío. Me sorprendo al ver la puerta atrancada con un grueso tablón de madera y cerrada con llave.

Cuando la abre, le encuentro sentado sobre la colcha infantil y trago saliva. No es posible. Yo mismo le descuarticé, le rocié con gasolina y le prendí fuego cuando mató a mi hijo. Pensaba que había terminado con él, pero he estado equivocado todos estos años.

El pequeño oso de trapo con el cuerpo relleno de algodón, cosido a costurones, gira la cabeza y me mira con sus ojos de botón. Después, alarga la costura de su boca hasta formar una sonrisa aterradora. Ese niño le da igual. Solo quiere matarme.

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  • Relato tenga seis acotaciones no dicendi.
  • Un objeto inanimado debe cobrar vida.
  • El relato empiece con “Al principio”.

 

Bastet

Dedicado a aquel mortal que se enamoró de la luna.


 

Sus ojos ámbar centellean al despertar en la oscuridad de su cueva. La visión le ha sorprendido de madrugada. Estira su larga figura negra para desperezarse antes de salir a la fría noche.

Se encarama de árbol en árbol para llegar a lo más alto de acantilado, el lugar donde se encuentra la guarida del Guardián. Hace seis años que no sale de su fortaleza de piedra. Algunos aseguraban que se había marchado, otros que la soledad le había matado; pero solo Bastet sabía la verdad. Leal y discreta, jamás ha revelado su paradero. Seguir leyendo “Bastet”

Liberada

Escucho el estruendo metálico que retumba tras cerrar la puerta y el golpe sordo de las palancas de seguridad, antes de que el tubo de escape de la vieja furgoneta proteste, ahogado, antes de arrancar. A partir de ahora, cada segundo cuenta.     Seguir leyendo “Liberada”

52 Retos de escritura 2018

Un año más LiterUp, una de las plataformas online en las que participo con relatos de forma mensual, publicó a primeros de año sus retos de escritura para animar a aquellxs valientes y amantes de las letras a participar.

Y otro año más, me quedo a medio camino del objetivo marcado, y esta vez en sentido literal. La experiencia, como el año anterior, ha sido muy buena, pero por desgracia, las circunstancias no siempre favorecen la creatividad…

El próximo año me lo plantearé de otra manera para, al menos, cumplir con los objetivos que me marque.

Mientras tanto, a pesar de haberse publicado cada día correspondiente, os dejo con la recopilación de esos relatos.  

52 Retos de escritura 2018

La mujer perfecta

Hans despierta sobresaltado al escuchar un grito que proviene del sótano. Tras mirar el reloj de la mesilla, corre descalzo por las escaleras. Son las tres de la madrugada del domingo veintisiete, día en el que ha conseguido grandes progresos. Por fin han caminado juntos de la mano por el parque. A pesar de que aún es algo fría, está convencido de que su relación avanzará con el tiempo; incluso, podría presentársela a su madre, aunque para ella ninguna será lo suficiente buena. Pero ella es diferente.

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Elazar

Votre juega con su ábaco de madera. No hace mucho que se lo regalaron y, ni siquiera sabe que ese artilugio con el que tanto disfruta sirvió a los Antiguos para realizar operaciones de cálculo. Pero a él no le importa eso. Solo juega con sus cuentas de madera. Las mueve de arriba a abajo para escuchar el sonido que hacen al chocar entre sí. Las alinea, las descompensa. Las mira pensativo. No le convence. Necesita la ayuda de su amigo, ya que nunca se equivoca. Seguir leyendo “Elazar”