¿Por qué decidimos ser padres?

Cuando me propusieron el ejercicio de escribir sobre la toma de decisión de un personaje, tuve claro desde el primer momento lo que quería contar. La historia que escuché en boca de su protagonista y que me ha autorizado a plasmar en estas líneas. Hoy sale a la luz a modo de homenaje para sus luchadoras el día de su cumpleaños.

Dedicado a Susana, Arantxa y Helena


 

Tras seis años de novios y tres de casados, decidimos entrar en el maravilloso mundo de la paternidad. Después de pasarme un año entre calendarios, registros y prácticas que no daban resultado, tuve un retraso. Tampoco estaba muy animada pero fui a la farmacia por si sonaba la flauta. Y sonó.

—Isra, me he comprado un test y ha dado positivo, pero es de los baratillos y no me lo creo —dije a mi marido a bocajarro cuando le llamé—. Cuando salgas del trabajo, cómprame el mejor.

De nada sirvió. Toda la tarde venga a beber agua para que no tengas ganas en el momento oportuno. Mi marido, nerviosito perdido, me llevó al hospital y salimos de allí con nuestro informe de futuros padres.

Días de celebración y mucha alegría antes de la primera visita al ginecólogo para ver la ecografía de nuestro bebé. «¿Fecha de la última regla?». «Hace dos meses». Su cara reflejaba que era la loca del día, porque ya tenía panzón y utilizaba ropa premamá. Que si a veces nos confundimos con las fechas, que si sería más tiempo… ¡Como si no lo supiera yo! Las fechas son las que son, no hay más. Vimos por primera vez a nuestro bebé, una sardinilla con el corazón a dos mil. Pero… Un momento… No era una, ¡eran dos! Mi marido se fusionó con la pared y solo se le distinguían los ojos. Pestañeaba como un dibujo animado. Nadie de la familia nos creyó cuando les avisamos, hasta que vieron la ecografía.     

Continué feliz con mi embarazo gemelar hasta la ecografía de las veinte semanas. Tenía muchas ganas de que fueran niñas para vestirlas de rosa y ver todas las películas de Disney; también, de que me dijeran que todo iba bien. El primer bebé era una niña y no paraba de moverse, lo curioso es que yo no lo sentía. El segundo apenas se movía. Transfusión feto fetal, es decir, exceso de líquido en el saco amniótico. El doctor me habló de una cirugía para desconectar la unión de ambos sacos en en el Hospital Vall d’Hebron. «Mientras hay vida hay esperanza», dije, ya que la solución que me planteaban era inviable.

El cuatro de julio nos esperaba la doctora Carrera en Barcelona. Nos levantamos con la duda de saber qué iba a pasar. Incluso, mi marido olvidó que era su cumpleaños. Lo celebramos en el desayuno, por si se nos quitaban las ganas. Me confirmaron la transfusión feto fetal de nivel dos, es decir, grave. Me informaron que la probabilidad de que el embarazo llegara a buen término era del ochenta por ciento, pero también podía fallar en cualquier momento. Además, me recordaron que mi caso estaba amparado en el marco legal. Acababa de ver a mis niñas, me aseguraban que podían salvarlas, ¿y me hablaban de aborto? Me rompí. «¡Va a salir bien! ¡Mis niñas están sanas y va a salir bien! ¡Mis niñas tienen que nacer!»

Ingresé al día siguiente. A todo o nada. «¿Saldrá bien? ¿Valdrá la pena tanto esfuerzo? ¿Y si no sale? Mi niñas no tienen la culpa, no deberían pasar por esto». Estos pensamientos se cruzaban en mi cabeza a la velocidad de la luz mientras mi marido y mi madre lloraban como dos desalmados. Ya en quirófano, respiré hondo y comenzó la operación. El resultado fue un éxito y la doctora se sintió muy orgullosa de mi por no darme por vencida y luchar por mis hijas. Cuatro días después, nos marchamos a casa.  

Esta Odisea termina cuando el diez de octubre, día de mi cumpleaños, comenzaron las contracciones. Fuimos al hospital y me quedé en observación hasta el día doce. Me resultaba extraño que al ser festivo tuviera tanto control en la habitación. Al poco tiempo, entró un ginecólogo corriendo y me indicó que había que entrar al quirófano. Sufrimiento fetal. Las niñas tenían que nacer. Me cambiaron de ropa como pudieron y, debido al poco tiempo que teníamos, no pudieron ponerme anestesia general ni epidural. Optaron por la intradural.

Realizaron la cesárea de urgencia. La primera en salir fue Helena y después Arantxa. Cuando me las acercaron solo pude darles un beso en la cabecita antes de que se las llevaran a la incubadora. Fui a verlas a la mañana siguiente. Pesaban  menos de dos kilos y medían cuarenta y cuatro centímetros, estaban llenas de cables y conectadas a un respirador. Su estado era crítico. Las ilusiones que te haces cuando piensas en el embarazo, con su parto y tu bebé en brazos al estilo película, no se pudieron cumplir.

Por suerte, mis niñas mejoraron. Cuatro días más tarde pudimos sacar a Arantxa de la incubadora para darle el biberón, a pesar de los electrodos y las sondas. Recibí el alta y solo podíamos pasar a visitarlas cada tres horas en la UCI. Después de quince días, Arantxa es la primera en salir. Helena necesitó tres días más para que estuviéramos los cuatro juntos en nuestra casa.

Resultado de imagen de ecografía gemelar

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Los girasoles

Nacimos y crecimos libres bajo el sol, que nos hizo madurar con su calor hasta alargar nuestros tallos hacia lo más alto. Su amarillo es el color de nuestra piel y seguir su estela desde el amanecer hasta el ocaso es la razón de nuestra existencia. Necesitamos su luz para vivir, al igual que el agua de la lluvia, la tierra y el oxígeno. Pasamos la vida pendientes de nuestro sol y de nosotros mismos. Nos agrupamos y nos cuidamos como la gran familia que somos, como iguales, sin importarnos qué había más allá de nuestro hogar. Pero un día, el amarillo se tiñó de rojo y comprendimos que no era bueno mirar para otro lado. Continue reading “Los girasoles”

Grafitti

Nico e Iván se hicieron inseparables desde el día que se conocieron en el instituto. Iban a la misma clase, eran compañeros de pupitre y pronto se dieron cuenta de que tenían muchas cosas en común. Les gustaba el baloncesto, los videojuegos y el rap; aunque eran bastante malos con las rimas. Una vez, participaron en una pelea de gallos. Les abuchearon y casi les linchan, pero les dio igual. Continue reading “Grafitti”

Nihontō

Nací del fuego y el metal, forjada entre el calor y el agua fría que me moldeó hasta convertirme en un arma ligera y poderosa, digna del mejor guerrero bushin. La misión de una espada como yo es servir a su amo con tanto honor como él sirve a su daimyō, y desde que puso su mano sobre mi trenzado supe que nuestras almas serían una. Continue reading “Nihontō”

Ma Baker

Abre los ojos y observa la tímida luz que se cuela por la ventana de la habitación del apartamento. A su derecha, el reloj marca las seis. Se levanta y se cubre con el picardías negro de seda antes de ir al cuarto de baño. A pesar de su sigilo, le despierta. Hace tiempo que Carter tiene el sueño demasiado ligero. El Caso Ma Baker ocupa la mayor parte de su tiempo y se ha convertido en un quebradero de cabeza. Continue reading “Ma Baker”

La jaula

Carmina Burana suena en mis oídos. La melodía crece de forma progresiva hasta que me despierta y noto una presión que me recubre la cabeza. Me llevo las manos a la parte superior de mi cráneo y las deslizo hacia la orejas, también presionadas. Descubro que son unos auriculares grandes y abultados, sin cable que los conecte a ningún equipo de sonido. Me los quito y hago memoria, ya que no sé dónde estoy. No siento frío ni calor, no hay brisa ni aromas reconocibles. Nada. Continue reading “La jaula”

El Descubrimiento

El consejero acude a los aposentos reales donde Su Majestad disfruta de un baño en compañía de algunas doncellas.

—Lamento interrumpiros, Majestad. Un asunto urgente reclama vuestra presencia.

—¿Quién osa a venir a mi Corte sin ser llamado?

—El genovés, Majestad.

—¡Ah! Ese loco que vino a pedirme oro y después se arrastró por la limosna de Castilla. Creía que estaba muerto.

—Todos lo pensamos, Majestad.

—Que espere, pues. Tengo asuntos más importantes en este momento.

El rey Juan le hace un gesto para que se retire y piensa en las últimas noticias que llegaron a sus manos sobre ese desgraciado, unas misivas que hablaban sobre un motín a bordo de la Santa María. Cuentan que los marineros, cansados de navegar sin rumbo, se sintieron burlados y le colgaron de uno de los pendones antes de partir con los otros barcos hacia rumbo desconocido. Como quiera que fuere, el almirante consiguió regresar al Reino de Castilla, famélico y medio moribundo, de donde fue expulsado y despojado de sus posesiones. Las malas lenguas dicen que cambió las galeras por las tabernas.

Sentado en el suelo, con la espalda apoyada en una de las columnas que decoran la estancia mientras dormita, parece imposible que se trate del mismo hombre de elegantes ropas y distinguido porte que se personó en Palacio meses atrás. El que mostró al Rey sus cartografías y le fascinó con las historias de ese tal Marco Polo, no es más que un mendigo que apesta a alcohol.

—Señor, señor. —El consejero le zarandea varias antes de derramar sobre su cabeza el agua de una jarra de barro y abofetearle— ¡Muestre respeto! ¡Está en presencia del Rey!

—Majestad —Se tambalea antes de inclinarse ante él, a punto de caer de bruces—. El almirante Cristóbal Colón se postra ante vos.

—Ya sé quién sois. Todos hablan de vos y no para bien.

—¡Soy un respetado capitán, Majestad! —balbucea con el índice levantado—. Y vengo a demostraros que existe un Nuevo Mundo más allá de este peligroso océano. Aquí traigo mis cartas que pongo a disposición de vuestro Reino a cambio de naves y hombres.

Mete la mano en el interior de sus pantalones y saca un pergamino enrollado y atado con  un cordel. El Rey y el consejero se miran con suspicacia.

—Debemos aceptar, Majestad —reflexiona el consejero en voz baja mientras Colón continúa su discurso, ajeno a la conversación. Ante su negativa, insiste —. Contente al almirante y guarde las cartas.

El rey Juan II de Portugal y Cristóbal Colón firmaron el Tratado de Cabralia, donde el confiado almirante cedía sus cartas de navegación a la Corona de Portugal y dejaba la expedición al mando de Pedro Álvares Cabral. La historia cuenta que días después de que la expedición partiera, el genovés sufrió un accidente a bordo y murió ahogado en las aguas del Atlántico; pero no todo lo que aparece en los libros es siempre la verdad.       

Resultado de imagen de NUEVO MUNDO


a. El relato es una ucronía en la cual Cristóbal Colón nunca llegó a América.

b. Un personaje es adicto a una sustancia psicoactiva.

c. Un personaje debe bañarse.