F-548

—Era más que un simple robot —suspira, entre lágrimas—. En mis ciento treinta años, jamás había visto nada parecido.

Transcurría el año mil ochocientos veinticinco cuando una treintena de transportes aéreos llegaba a la Academia de instrucción militar con un cargamento de nuevos alumnos. La invasión de la galaxia era cuestión de tiempo y el planeta Simeo era el próximo objetivo. Los cancilleres buscaban preparar una ofensiva para evitar que fueran doblegados y lanzaron un mensaje a la población, compuesta en su gran mayoría por ingenieros y científicos, para que trabajaran en prototipos útiles para la misión. El resultado, fue la producción de un millar de robots F-548 listos para empezar a funcionar.

La cadena empezó a funcionar de manera automática y jerárquica. Después de que los ayudantes cargaran los contenedores de fibra de carbono en las plataformas transportadoras con todas las piezas, las trasladaron a las Oficinas de Montaje. Allí, ingenieros llegados de todas partes del planeta trabajaron sin descanso para cumplir con su labor y preparar a los ejemplares. Los programadores se encargaron de instalar sus memorias y sensores de repetición para optimizar al máximo sus funciones.

—¿En qué momento coincidió usted con el F-548?

—En el traslado a la Unidad de Instrucción, señor.

—¿Encontró evidencias de mala funcionalidad?

—No señor.

Leonard Ford es el coordinador jefe de dicha unidad y supervisa el trabajo del resto de instructores. Todo transcurría con normalidad hasta que uno de sus ayudantes se personó en su despacho con gesto preocupado. Al parecer, uno de los ejemplares presentaba dificultades en el aprendizaje de sus funciones y lo requirió para su valoración. Tras revisar sus códigos de programación y la estabilidad de sus sensores, comprobó que todo estaba en orden y, por tanto, no había probabilidad de error. Sin embargo, no era así. Aquel F-548 atendía a las instrucciones más elementales, en cambio no obedecía a las órdenes que debía desempeñar según cometido pues mostraba resistencia frente al uso de armamento.

—¿Conoce los motivos por los que comparece ante este tribunal, señor Ford?

—Sí, señor.

—¿Puede enumerarlos?

—Desobediencia, insubordinación y traición.

El instructor decidió someterlo a un estudio más exhaustivo a fin de determinar la causa de esta rebeldía, y su hallazgo lo sorprendió gratamente. El robot poseía una inteligencia autónoma e independiente, de condición humana. Poseía conocimientos innatos en materia de artes y ciencias. Era un excelente conversador y se convirtió en la mejor compañía que podía tener. Lo que llevaba años extrañando aparecía en su vida sin esperarlo y decidió ponerlo bajo su custodia. Como experto, emitiría un informe donde lo declararía no apto para el desempeño de sus funciones bélicas y hablaría con los Altos Mandos para conseguir sus servicios de forma privada y poder quedarse con él.

—¿Fue consciente en todo momento de lo que hacía, señor Ford?

—Sí, señor.

—¿Y puede decirnos por qué?

—Lo amaba, señor.

La confesión de sus deseos llegó tarde. Los superiores ya conocían la existencia de esa relación clandestina y prohibida, y no podían permitirlo. El día que se dirigió a la Cámara Militar para exponer su petición, los ayudantes entraron en su domicilio y redujeron al F-548, que no fue capaz de defenderse. Al darse cuenta, Ford corrió para impedirlo pero no pudo evitar que lo llevaran a la Oficina de Montaje y lo desguazaran. Llegó demasiado tarde.

—Ni siquiera me dejaron verlo —se lamenta.

—No es más que un simple robot, señor Ford. Aunque se empeñe en creer lo contrario.

—No para mi, señor. Su interior estaba lleno de algo de lo que ustedes carecen: alma.

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  • El relato debe comenzar con la frase: “Era más que un simple robot”.
  • Género: historia de amor.
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Buzón de voz

Consignas

  • Crear un microrrelato o microcuento de menos de ciento cincuenta palabras y tema libre.
  • Incluir en el texto las siguientes tres palabras: perfume, esperanza, noche.

 

Hola… soy yo. Eso ya lo sabes, qué tontería… Perdona.

Me gustaría decirte tantas cosas que no sé por cuál empezar pero no quiero aburrirte, así que iré al grano. Te echo de menos.

Continue reading “Buzón de voz”

Ruta de la seda

Consignas

  • Relato que contenga las palabras sombra/s y seda/s

 

Se ahoga, no puede respirar. La atmósfera se vuelve densa y el calor abrasa su blanca piel, como una larva sumergida en agua hirviendo. Utilizaba esta técnica para obtener hilos de seda en la fábrica donde trabajaba junto a otro grupo de mujeres. Continue reading “Ruta de la seda”

Quince de septiembre

Consignas

  • Comenzar con con la frase Susana esperaba.
  • La escena tiene lugar en un cementerio.

Susana esperaba a que la campana de la iglesia repicara a la hora del Ángelus para atravesar la puerta del cementerio y recorrer el estrecho sendero, hasta llegar al panteón familiar. Allí descansan sus padres y abuelos. Es su pequeño refugio y le gusta pasar tiempo en compañía de sus seres queridos, que siente tan cercanos como en vida. Hay días en los que se siente más cómoda entre los muertos y pasea por el Camposanto, contemplando sus tumbas.  Continue reading “Quince de septiembre”

El mentiroso

Consignas

  • Relato que lleve por título El mentiroso.
  • Añadir al relato los siguientes elementos: un diccionario de latín, una entrada de cine y un antifaz.

“Interrumpimos la programación con una noticia de última hora. Un empleado del hotel Hilton Garden ha encontrado muerto al juez Jonathan Law, en la suite de lujo en la que se alojaba. El magistrado era miembro del Tribunal Supremo y se encontraba en la ciudad para celebrar el juicio por el ‘caso Fairfield’. Les mantendremos informados.”

*****

—¡Estoy hasta los cojones de filtraciones a la prensa! —grita el inspector, al recibir una llamada de sus superiores— ¡No quiero a nadie metiendo el hocico en esta habitación, ¿entendido?! ¡Y diles a tus chicos que se pongan las pilas, Joe!

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Volver

Consigna

  • Relato que contenga las siguientes doce palabras: tango, roedor, escalera, talismán, alianza, frasco, viuda, regalo, naranja, mañana, secreto, doce. 

 

La Mansión Grace esconde un gran secreto. Esta gran construcción victoriana fue propiedad de los duques de Westfield, un matrimonio que decidió marcharse a pasar sus últimos días a la residencia de verano que poseían a las afueras de Standford para poder estar cerca de su familia. Murieron de neumonía poco después y la propiedad pasó a manos de sus herederos, que decidieron sacarla a subasta y sumar una suculenta cantidad de dinero adicional a la recibida en el testamento.

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Cuestión de segundos

Escribir un relato que comience con la frase «Se giró al escuchar el grito».


Se giró al escuchar el grito de Wendy, que corría tras él en la oscuridad del bosque.

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