El inicio de la vida

Me llamo Carmen, tengo cuarenta años y no tengo hijos. Más que nada porque no quiero. A decir verdad, lo tendría bastante fácil. Trabajo en el área de Ginecología de un conocido hospital y tengo entre mis contactos a algunos colegas de Planificación Familiar y Reproducción Asistida, pero me faltan las ganas y el instinto maternal. Quizá porque desde mi juventud convivo a diario con cólicos y meconios. Quien diga que un parto es bonito es porque o no ha visto uno en su vida, o está de espectador. Pero no con las manos en la masa como yo, que me lo como todo desde el principio hasta el final. La culpa no es de la Biología, es de la estupidez humana y su afán por idealizar las cosas. Continue reading “El inicio de la vida”

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Adiós

Escúchame.

Presta atención a lo que tengo que decirte.

Se acabó.

Me he cansado de temerte. De esperar con miedo tu llegada. De temblar al escuchar las llaves tras la puerta. De no ser suficiente para ti.

Dices que no valgo nada. Que todo lo hago mal. Que no merezco tu cariño, ni el lugar que ocupo en tu vida. Ni tampoco vivir. Y me lo he creído.

Querías verme arrastrada. Puedes sentirte orgulloso, porque lo has conseguido.  

No sé quién soy. Me he convertido en alguien que desprecio, alguien frío e inseguro que no espera nada de la vida ni confía en el género humano.

Jamás podré olvidar mis noches de temor entre las sábanas. Esa mirada penetrante que me estremecía en cualquier parte. El asqueroso olor a tabaco que impregnaba tu ropa y tus manos.

No deseo otra cosa que escapar de ti. Cerrar los ojos y no volver a verte. Que tu presencia se convierta en un doloroso recuerdo y que tu esencia no signifique nada para mi. No mereces nada. Ni mi recuerdo, ni mi desprecio.

El tiempo pone todo en su sitio y sé que, poco a poco, conseguiré deshacerme de ti y de esa losa que has cargado sobre mi cabeza, que pesa tanto que a veces me derrumba. Por suerte, no estoy sola. A mi lado hay personas que me ayudan a levantarme. Lo que nunca hiciste.

En cambio, ¿puedes tú decir lo mismo?

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12. Canción o poema como tema central de tu texto.

Nota de autora: La canción que he elegido se llama “Impotencia”, del grupo Stravaganzza. En su día, cuando no encontraba palabras para describir mis sentimientos ante una situación personal desagradable, me refugié en su letra para arrancar todo lo que guardaba dentro.

Juventud

—¿Te vienes a mi casa?

—¿A tu casa, o a la de tu abuela?

—No. A mi casa.

—No. Que en tu casa hay gente.

—No. Gente hay en casa de mi abuela, que está mi abuela.

—Entonces no voy.      

—¿Por?

—Pues porque hay gente.

—Te he dicho en mi casa.

—Por eso.

—No. En mi casa no hay gente.

—En tu casa siempre hay gente.

—En mi casa no, en la de mi abuela.

—Entonces, llévame donde no haya gente.

—Me rallas…         

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11. Esta semana tienes tema libre pero sin descripciones: solo diálogo (y acotaciones). 

Embrujada

Ha pasado por ahí infinidad de veces, sin embargo, nunca se ha atrevido a entrar hasta hoy. Continue reading “Embrujada”

La madriguera

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¿Qué hacemos aquí?

¿Qué esperamos conseguir?

Nuestra tierra se hunde.

El gris ha tomado los parajes verdes que me vieron crecer.

El viento sopla, metálico y cargado de malas noticias: derrota y muerte. Continue reading “La madriguera”

Appstinencia

La idea surgió una mañana, tras leer la prensa. Sabemos de sobra que la tecnología avanza a pasos agigantados y los dispositivos que en su tiempo eran una maravilla —ordenadores, móviles, tabletas, etc—, ahora se quedan obsoletos. Publicaban una lista de móviles que, debido a sus sistemas operativos y años de fabricación, no eran aptos para WhatsApp. El mío no estaba entre ellos, pero se me ocurrió hacer un experimento. ¿Cómo sería volver a la vida antes de internet durante un año? El treinta y uno de diciembre envié una difusión a todos mis contactos para informarles de que cerraba la aplicación y, antes de las campanadas, ya la había desinstalado de mi teléfono. También hice lo mismo con mi cuenta de Facebook. Pasadas las doce, la casa de mi suegra era un ir y venir de notificaciones entrantes. Todo el mundo estaba pendiente de sus pantallas, menos yo. Les observé como nunca antes lo había hecho. Me parecieron enfermos, enganchados a una red infernal que controla sus vidas, y me sentí aliviado y orgulloso de la hazaña que acababa de emprender.   Continue reading “Appstinencia”

De puertas para adentro

Te marchas una vez más. No puedo detenerte, solo esperar tu regreso cuando quieras volver. Para entonces, una parte de ti se habrá perdido en otros lugares. Nada importa mi opinión, pues en su día lo acepté y lo compartí contigo, pero no soporto la indiferencia que se ha forjado con el paso de los años. Apenas me miras y ya no me tocas. No cuentas conmigo ni me haces partícipe de tus inquietudes. En cambio, demandas saberlo todo, y yo espero de ti lo mismo que tú de mi. Me acostumbré a tus ausencias y a empaparme de nuestros momentos de intimidad. Con el tiempo, mis necesidades han cambiado y ahora valoro más tu presencia. Sin embargo, las tuyas siguen igual. Debería aceptar lo que elegí libremente. Debería cerrar la puerta. Pero, para mi desgracia, te quiero.

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